AGUSTÍN GARCIA BRAVO
Mi nombre es Agustín Garcia Bravo. Nací en 1964 en Madrid. En la maternidad de la Paz, en la habitación 324, pesé 3,333 kilos y medí 52 centímetros. Aquel día nacieron otros 16 bebes en aquel hospital. Cuando pienso en que no me gusta la vida que llevo, le hecho la culpa a que una enfermera se equivocó, o tendría que haberse equivocado, y que mi vida podría haber sido la de cualquiera de los otros 16.
En 1974 me escapé de casa, tomé el autobús circular y estuve dando vueltas por Madrid todo el día. Al anochecer me cansé y volví a casa, preparándome para una buena paliza. Nadie se percató de mi ausencia. Por entonces me prometí preparar una fuga en condiciones, de esas de irse y no volver. Aún no he podido realizarla, ni creo que pueda, la vida te va atando lentamente (a una mujer, a un trabajo, a un hogar…) y cuando te das cuenta llevas muchas cosas para una fuga. Pero hay días en los que vuelvo a coger el circular y doy vueltas y vueltas, y me pregunto: ¿por qué no me fui aquel día?
En 1976 le toque las tetas a una chica de clase. Llamarón a mis padres y me castigaron con un tratamiento a base de electroshock, me sentaron en una silla y me daban descargas mientras mi padre me ponía diapositivas de tetas: de vaca, de cabra, de suecas… . Hoy en día me dan mucho respeto los pechos de las mujeres, cuando los veo me pongo a sudar y a tartamudear, por eso las prefiero de pecho pequeño ( tampoco me sienta muy bien la leche, pero esto no sé si tiene que ver dicho tratamiento) . Hace poco que volví a ver aquella chica. Lo primero que pensé fue en cuántas manos ya habrían tocado sus pechos. Después me dieron ganas de volver a tocárselos y salir corriendo, pero ahora soy mas cobarde que antes.
1977: Mis primeros pinitos en el mudo de la escritura. Escribo la canción “Franco franco tiene el culo blanco…” con el himno de España como acompañamiento. Se divulgó mas rápido que cualquier video de Youtube. Me la inventé por la mañana y por la tarde, si preguntabas a cualquier español por la letra del himno, te cantaba mi canción.
En 1979 me rompí un tobillo. También aquel año cometí mi primera y única fechoría: robé una cinta de juegos de Spectrum en El Corte Inglés, de esas que tardaban media hora en cargar el juego y hacían unos ruidos tipo fax. Durante el siguiente mes temía cada vez que sonaba el teléfono, o cada vez que llamaban a la puerta, por el “somos del Corte Inglés y venimos hablarle de su hijo”. Desde entonces no he vuelto a robar, me da la sensación que en el Corte Inglés, están más pendientes de mí que de nadie más. Todavía tengo la cinta de juegos que, por cierto, aún sigue envuelta. El día que tenga un hijo voy al Corte Inglés y la dejo donde la cogí.
En 1980 me fumé mi primer porro, que no me hizo nada de nada, ni fu ni fa, difencia con un cigarrillo: que se tarda mucho más en preparase. Aquella noche vino la virgen a mi habitación y me dijo “ tienes que construirme un altar para mi adoración en el kilometro 53 de la carretera de La Coruña”.
1981: Empiezo la carrera de arquitectura. En el primer trimestres de enamoro de Raquel, una compañera de clase. En el segundo trimestre me deja, yo decido dejar de pasarla los apuntes. Pero no se decir que no y se los sigo pasando, hasta el tercer trimestre, en que decido dejar la carrera por putearla. Adiós a la idea de construir el altar. Me cambio a letras.
1982: Me encontré una bombilla en el suelo de la calle, comprobé que no estaba fundida y que funcionaba. Desde entonces pienso en la historia de esa bombilla como uno de los enigmas más grandes de la humanidad. Las noches en las que el sueño no viene a buscarme me duermo pensando en la historia de esa bombilla, que al día de hoy sigue funcionando. También me encontré un zapato nuevo abandonado y lo añadí a la lista de historias indescifrables. Tengo muchas.
Esta serie de hechos sin lógica me obliga a seguir una especie de “continuar la cadena”, porque para mí, es la única lógica. Entré en una pajarería y sin que el dueño se diera cuenta metí un huevo de gallina en una jaula de canarios. Todos deberíamos hacer alguno de estos actos, aunque sea por joder a los científicos que tienen explicaciones para todo.
En 1983 retomo la idea de la construcción del altar, de las veces que me lo había repetido la virgen, pero no tenía fondos, ni conocimientos. Le escribí una poesía muy bonita a la virgen, espero que se conforme. Dejé los porros y la virgen me deja de hablar.
1988: Termino la carrera y decido probar suerte en el extranjero. No duro ni una semana. Mi dificultad para los idiomas y mi incapacidad para adaptarme otros climas me obligan a volver corriendo a Madrid, mi ciudad. Desde entonces no salgo, tengo pánico de viajar. Empiezo a cotizar para el Estado, por imposición de mi padre. A mi madre le daba un poco igual , mientras que no me drogase y tuviera recogida la habitación.
Pizzería: duro 2 meses, me despiden tras un accidente de moto; vendiendo ticket en el metro, me despiden porque me duermo y hay cámaras donde queda registrado; descargando en un almacén, 2 días, de aquí me voy yo; taxista clandestino, 3 meses, los clientes me dan cháchara y se me olvida cobrarlos; camarero de un bar, 1 día, soy un negado; repartiendo publicidad en el metro, 1 día, se me da mejor que ser camarero, pero es peor para las varices; churrero en las ferias, 3 semanas, aquí me metí porque me gustaba la hija del churrero, pero ella se escapó de casa, y desde que se fue nada volvió a ser lo mismo; sacando a una anciana al retiro, se me murió esa misma mañana, me gasté en flores más que lo que gané; doné semen en repetidas ocasiones, pero esto no sé si cuenta como trabajo (que me costó lo suyo); guarda de seguridad, al mes me pegan un tiro y casi me matan. Sufro una amnesia total, me hacen la cirugía estética, me dan una identidad nueva y un coche negro que habla para que luche contra la delincuencia organizada. Ahora me hago llamar Maiquel Nike. En una de mis misiones me encuentro con la hija del churrero, la doy una vuelta en mi cochazo y se enamora de mi. Ella no me dice que su padre es churrero porque pensará que es algo muy cutre, por lo mismo que yo tampoco la digo cual es mi verdadera identidad.
Al día de hoy somos muy felices la hija del churrero y yo. Profesionalmente me he asociado con El Equipo A, el Halcón callejero, Maggiber y el Trueno Azul, y hemos formado un sindicato para la erradicación del mal. Yo estoy en el turno de tarde, no está muy bien pagado, pero me gusta. Por la mañanas trabajo en un hospital para completar el salario. Intento no mezclar una cosa con la otra.
Nino Martínez
MILAGROS GONZÁLEZ
A pesar de reconocer que todas las noches apaga el ordenador con indiferencia soñando con otros mundos para plasmar en su escritura, es una de las mayores representantes de nuestra lengua.
Traducida a más de veinte idiomas, poseedora de premios tan prestigiosos como el Nadal o el Premio Biblioteca Breve de la Editorial Seix Barral, el Premio Cervantes 2010 ha venido a encumbrarla en el puesto que muy pocos merecen. Su narrativa sobre nuestra posguerra ha calado hondamente en países como México donde recibió el premio Internacional de Novela 2009 por su obra La Boda.
Pocas veces crítica y público han coincidido en sus gustos literarios. Como ella siempre ha reconocido en todas sus entrevistas: “Quién me iba a decir a mí, desde mi trabajo de secretaria en el despacho de una notaría, que me iba a ganar el pan escribiendo, y no precisamente las cartas de mi jefe”. De esta manera sencilla y sin grandilocuencias nos explica un trabajo en el que personajes que nunca son lo que parecen viven situaciones en las que el amor, el odio y la muerte están muy presentes, todo ello en el marco de una España de la posguerra o de la actualidad.
Milagros, a sus cuanrenta años, seguramente apague hoy el ordenador indiferente para preparar la cena a su marido e hijos. Esperamos que esa indiferencia la siga motivando a crear nuevas historias con las que todos podamos disfrutar.
Arancha Vallez Zamarro
CARMEN SOUSA
No conozco a Carmen más allá de un trimestre y pico que llevamos compartiendo clases de escritura creativa.
Dos horas por semana parece poco tiempo, sin embargo sospecho que tanto yo como nuestros comunes compañeros hemos estado más cerca de algunos rincones íntimos de su ser que muchas de las personas que comparten con ella su día a día cotidiano.
Esto es así sencillamente porque la hemos escuchado contarnos las historias que escribe, porque las hemos leído y hemos reconocido en ellas la vida, los sueños, las amarguras y las alegrías de personajes que ella ha convertido en seres vivos sobre el blanco del papel.
Quisiera saber, para contarlo aquí, cómo una persona como Carmen deja de ser una mujer normal, con una vida normal, y es poseída por esa rara infección que transforma unos ojos inocentes en apéndices que observan el discurrir del mundo y las gentes que hacen y deshacen en él, con la absoluta atención y la curiosidad sana de quien aprende cómo se viven las vidas, para así poder crear personajes tan carnales como personas auténticas.
Quisiera saber cómo aflige esa enfermedad a su alma y a su corazón, para hacer que alguien que aparenta ser una mujer tranquila y discreta, pueda llevar dentro y recrear en el papel esos pequeños universos llenos de humanidad y sentimientos intensos, construidos con palabras tan hermosas a veces, con tantos matices y tanto color, que me veo obligado a cerrar los ojos para poder ver en la mente el alcance total de sus significados.
Quisiera saber qué parte de sus historias es ella, y qué parte son sus deseos y sus anhelos, qué parte son hechos reales y qué parte sueños propios o ajenos; quisiera saber de qué recóndito manantial de sus entrañas extrae las metáforas y los adjetivos que utiliza.
Quisiera saber más cosas de Carmen Sousa para contarlas aquí, pero ya os dije antes que la conozco poco, y tras reflexionar creo que solo puedo decir, con sinceridad y con mucha envidia, que la única certeza que tengo sobre ella es la de que es una escritora honesta.
Y si queréis saber más, mejor leed sus historias. Sospecho que todo lo que de verdad es, está en ellas.
Agustín García-Bravo
SUSANA GUTIÉRREZ
Me llamo Susana Gutiérrez, como habrá podido usted leer en la portada del libro que manosea en este momento. Ahora que lo tiene abierto y consulta la solapa interior de la cubierta, permítame que le diga algunas cosas sobre mí. No voy a contarle dónde nací, ni cuánto hace, ni mi formación académica, ni esos asuntos relativos a la vida privada de cada cual que suelen encandilar a los curiosos de lo ajeno. Porque al que lee, lo que le importa del autor es su obra, que por eso la compra. Por ello, me ceñiré exclusivamente a las circunstancias que han podido influir de modo definitivo en mi persona y en esta manía mía de escribir.
Sepa, para empezar, que provengo de una tierra larga y extensa, que de todos modos se me quedó pequeña. Uno de mis delirios ha sido viajar. Buscando siempre nuevos apuntes para desarrollar en mis relatos, he vivido con los indígenas del altiplano y con los de la selva, he padecido el calor del trópico y el frío del Antártico. He pescado en el lago Titicaca y en el río Mekong, he sido favorita de un marajá y bailarina en Indonesia. En este ir y venir, he aprendido algunas cosas que no enseñan en ninguna Universidad. Sé navegar y hacer nudos marineros, conozco el nombre de muchas estrellas, he constatado que no hay diferencias sustanciales en la condición humana, y creo que los mejores argumentos estarían en cada uno de nosotros, si fuésemos capaces de contarlos, pero, sobre todo, he desarrollado un sentido del humor con el que me gusta matizar lo que digo y lo que hago. Ahora vivo muy cerca de donde nací, en lo alto de un cerro empinado, que me hace imaginar que en vez de clavada en la tierra, estoy suspendida del cielo.
Soy persona de sentimientos intensos, entusiasta y contradictoria. He amado con la vehemencia de la juventud y la desesperación de quien sabe que no volverá a ser joven. Me gustan por igual el día y la noche. A veces mi pluma se desliza feliz sobre el papel; otras veces, avanza con rabia. Me gusta tener vicios y los cultivo, porque sospecho que la ausencia de ellos nada le añadiría a mi virtud; y sin vicios ni virtudes uno se convierte en un ser lamentablemente anodino.
Hasta ahora había escrito reportajes, porque estaba convencida de que no hay fantasía capaz de superar la realidad, pero a la postre no he podido resistirme a la tentación de fabular. Ya dije que una de mis cualidades es ser contradictoria. La novela que tiene en sus manos, amable lector, La melancolía del oso polar es, por tanto, mi primera novela. Que sea o no la última no depende tanto de la crítica como de usted.
Milagros González
LUZ ÁNGELA USCÁTEGUI
Luz Ángela Uscátegui, colombiana afincada en España desde hace varios años, no es una escritora al uso. Totalmente contraria a esa soledad que otros autores necesitan a la hora de trabajar, no es nada extraño encontrarla sentada en alguna cafetería, manos a la obra con su ordenador. Es en estos ambientes de bullicio y rodeada de gente donde se siente más a gusto para crear esas historias que tanto hacen disfrutar a sus lectores.
Licenciada en Lengua y Literatura, profesión que ejerció durante unos años y que abandonó para dedicarse por completo a la creación literaria, se ha convertido en una de las escritoras más importantes e influyentes del momento. Sus nueve novelas anteriores y un recopilatorio de relatos cortos se han situado en los primeros puestos del ranking de ventas de todo el mundo. Pero su obra, traducida a varios idiomas, entre ellos el ruso y el hebreo, no es sólo un éxito editorial. Salpicada toda ella por el “realismo mágico” tan propio de su tierra natal, deja más que claro que esta joven escritora forma ya parte de una generación que han de dejar una importante huella en la literatura contemporánea.
Ésta, su décima novela, hará despertar a sus lectores en un mundo en el que lo tangible y lo onírico se mezclan de manera irremediable, y los envuelve hasta hacer dudar entre lo real y lo imaginado. Una historia que, como todas las anteriores, no dejará indiferente a nadie.
Carmen Sousa
NINO MARTÍNEZ
Me llamo Nino Martínez.
Como Vicente Huidobro, creo que todo escritor es un pequeño dios, o un gran tirano, que decide la vida y muerte de sus criaturas, marca sus destinos, y rige sus constelaciones.
“Nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.”
Seguro que fue así, contando con que era una tarde soleada de marzo de 1969. Mi madre, nada más verme a los ojos, dictaminó que iba a ser poeta: pocos juguetes de colores, nada de pistolas de madera, más bien tintas, plumas, papeles y libros. Muchos libros.
En cuanto aprendí a leer de corrido la soledad de la casa grande, rodeada de hortensias, se me volvió el mundo. Viajaba con Verne. Corría aventuras con los piratas de Stevenson. El miedo me erizaba piel con Poe.
Comencé a perpetrar versos a escondidas desde que tengo memoria. Los guardé con celo hasta la llegada de Cayetana, allá por el año 89. Igual con mis memorias, fotos, cuentos. También arribó ella en otro equinoccio, con su pelo espeso y negro, con sus andares sueltos, con la felicidad pintada en los ojos. Todavía sigue negándose a llevar zapatos altos y a maquillarse, que corretear toda la tarde tras Valentina y Tania por el jardín de las hortensias, sin perder el buen humor, ya es suficiente.
He publicado dos libros de relatos: La llamada silenciosa, en 1999, y Asesinato en el maletero, en 2005. Restaurante Chino llegó más disperso, más lento, pero llegó. Juro por mi madre que no lo estuve buscando.
Todavía sigo esperando a que se revelen “los aeroplanos del calor”. El resto del oráculo ya es bastante claro.
Luz Angela Uscátegui C.
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