sábado, 13 de marzo de 2010

Manual de instrucciones. Al mejor estilo de Cortázar

INSTRUCCIONES PARA VER NEVAR AL LADO DE LA CHIMENEA


Advertencia muy importante:

Hay una cosa imprescindible para que ver nevar al lado de la chimenea sea fructífero: su actitud. Deje de pensar inmediatamente en cómo saldrá de ahí mañana, y considere su situación como de auténtico privilegio. Conseguido este estado de ánimo, pasemos a considerar el resto de los ingredientes.

1º) La nieve: La nieve le viene dada del cielo. Nada puede hacer usted para que venga o no venga, ni que sea mucha o poca.

2º) La ventana: En cuanto al hecho de ver nevar, suponemos que dispone usted de un buen ventanal, desde el cual el espectáculo de la nieve cayendo puede admirarse sin incomodidades.

3º) La chimenea: Para lograr una atmósfera acogedora, la chimenea ha de estar encendida. Cuando note que va a nevar, vaya a buscar hoja de pino seca, paja, papel, cualquier cosa que prenda bien al contacto de una cerilla, añada después piñas, sarmientos de vid, y por último, troncos de encina o de roble. Provéanse de suficiente leña porque la velada promete ser larga.

4º) El ambiente: ¿Tiene compañía? Un espectáculo como el que se prepara merece ser compartido. Llame a sus amigos para que vengan antes de que la nieve haga intransitables los caminos. Tres o cuatro personas serán suficientes. Cuando lleguen, comentará con ellos cómo van redondeándose los perfiles de los tejados, allanando cañadas, confundiendo prado y vereda, casa y cobertizo. Cuando oscurezca, admiren el resplandor blanquecino del cielo. Aticen el fuego, acomódense ante la chimenea y dispónganse a contar historias, como por ejemplo: “Siendo yo niño, venía un día de la escuela y empezó a nevar igual que hoy, y cuando pasé por la encrucijada…” Dejen volar su imaginación hasta formar parte del paisaje. Da igual que las historias sean reales o inventadas, de vivos o de muertos, de aparecidos, pero, eso sí, cuéntelas a media voz. Que en ningún momento deje de escucharse el crepitar de la leña y el ronroneo del gato que dormita a sus pies. Contemplen cómo la nieve cae silenciosa y tozuda. Respeten su calma y la de cuantos seres pueblan el silencio. Es posible que alguien, aunque ustedes no lo vean, se acerque a escucharles y mañana temprano vean sus huellas sobre la tierra nevada.


Milagros González


INSTRUCCIONES PARA HACER EL DOBLADILLO DE UN PANTALÓN


Lo primero y primordial es tener, claro está, un pantalón. Para ello hay que, después de mucho mirar, elegirlo, probárselo, comprarlo y que además éste te quede largo.

El siguiente paso será disponer de un ayudante para que cuando tengas puesto el pantalón y con ojo de buen cubero te coloque el alfiler en su perfecto nivel.

A continuación y son sumo cuidado, por aquello de no pincharnos, nos lo quitaremos y minuciosamente mediremos para que no quede nada al bies. Con aguja, hilo y dedal nos dispondremos a hacer un hilván. Dicho hilván lo pasaremos primero por un pernil y luego, una vez vuelto a medir repetiremos la operación con la otra pata del pantalón.

Una vez bien hilvanado marcaremos con un ligero planchado y con esmero y cuidado coseremos y daremos por terminado.

Todo parece sencillo y sin la menor complicación pero para llevar a cabo esta hazaña casi todos nuestros sentidos tienen que entrar en acción, por no mencionar los músculos, nervios, huesos y demás, ya que ninguno quiere quedarse atrás, todos tienen que participar en el arreglo de la nueva adquisición.


Isabel Muñoz Carmona



INSTRUCCIONES PARA AFEITARSE CADA MAÑANA


Salir de la profundidad del océano oscuro de los sueños, donde hibernamos cuando el “nosotros” descansa, es fácil. El reloj despertador es la cuerda de seguridad que nos sujeta y nos trae de vuelta a la vigilia de la mañana, de todos los días laborables de nuestra vida.

Escapar del abrazo cálido de la ropa de cama, levantarse tambaleante y dirigir el rumbo escorado hacia la sala de baño. Buscar en esa pulida ventana hacia lo opuesto del mundo, sobre el lavabo, los ojos de ese ser, que nos asistirá como guía en el ritual que nos disponemos a realizar.

Lo miramos y nos mira, nos reconocemos y sintonizamos uno con otro. Todos me dirían al verle que soy yo, pero ambos sabemos que no es así. ¿Le dirán también, al otro lado, que yo soy él?

Mirándole de reojo llenaremos la pila del agua que ilustres ingenieros nos traen de no sabemos que río, calentada por la combustión de un gas llegado de un exótico país que probablemente moriremos sin conocer.

Tras esto, esconderemos nuestra cara tras el velo blanco de la espuma, sobre el que trazaremos caminos con los filos. Caminos que quedaran despejados de esa transformación nocturna de nuestro rostro, que lo gira en redondo hacia la faz del simio que al principio fuimos, llenándolo de un vello duro, cada vez mas espeso y áspero.

Nuestra alma, más vieja, también es más áspera y aunque más fuerte, aguanta más porque siente menos, por que la piedra no siente el dolor.

La barba que nos crece en el alma con el tiempo, esta tintada de egoísmo, espesa de soledad. Si no la rasuramos a diario nos cambia el aspecto, nos crece y nos tapa el cuerpo, nos vuelve de nuevo el mono hostil que no vive, sobrevive.

Tras rasurarnos por fuera, lavaremos con agua fría el rostro y lo untaremos con lociones que restañarán las pequeñas heridas. Siempre hay pequeñas heridas.

Después, miraremos de nuevo nuestro reflejo, el semblante de ese zurdo que nos mira, el que guiña el ojo derecho cuando nosotros lo hacemos con el izquierdo.

Nos preguntaremos si también tendrá pensamientos simétricamente opuestos a los nuestros. Tras esto, conformes, saldremos al mundo un nuevo día con la cara tersa y preguntándonos con pena si nuestra alma no tendrá, cada vez mas, el aspecto de un horrible monstruo barbudo, que no encontramos la manera de afeitar.


Agustín García-Bravo



INSTRUCCIONES PARA LAVARSE LOS DIENTES


Terminado nuestro almuerzo cotidiano, a continuación nos asalta la imperante necesidad de lavarnos los dientes.

Suele hacerse tres veces al día, una después de cada comida, pero para no ser reiterativo y pesado se lo explicaré una sola vez.

La limpieza de los dientes comienza con el preparativo de los instrumentos y materiales necesarios.

Así como el pintor necesita lienzo, pinceles y pinturas, nosotros lo primero que tenemos que tener son unos dientes que limpiar, por supuesto si están sucios mejor que mejor, así la satisfacción que lograremos al acabar la tarea será más gustosa.

Una vez conseguido esto, nos proveeremos de cepillo, dentífrico y un vaso con agua para el enjuague.

Entonces pondremos el motor en marcha, y el cilindro comenzará a desarrollar la misión para la que ha sido diseñado: Admisión, Compresión, Explosión y Escape.

Admisión: concentrémonos, y con una ligera presión sobre el tubo de pasta con la mano derecha o izquierda, según sea uno diestro o zurdo, depositaremos una porción de dentífrico sobre el cepillo, introduciéndolo en la boca.

Compresión: con los dientes apretados se pondrá en marcha el carrusel, que con movimientos circulares, de arriba abajo y de abajo arriba, acariciará la dentadura. Dejando pasar el tiempo, la espuma blanquecina coloreará nuestros labios, y abriendo la boca enseñaremos los dientes ante el espejo como perros rabiosos.

Explosión: un sorbo de agua insuflada correrá de lado a lado cual ola marina que arrastra todo lo que encuentra a su paso, agrandando nuestros carrillos una y otra vez.

Escape: llegado este momento pondremos nuestros labios como si fuéramos a pronunciar la letra O, y con fuerza arrojaremos la mezcla blanquecina por el desagüe del lavabo. Repetiremos la ingesta de agua y el aclarado un par de veces al menos, y entonces habremos conseguido una sensación de limpieza y frescor, como la de aquél que mañanero recorre el bosque.


P.D. Para aquellos que estén usando dentadura postiza les emplazamos para nuestro próximo capítulo.



Ángel González Francos

30/01/2010



INSTRUCCIONES PARA TOMAR JAMÓN SERRANO CON VINO


Busque en una charcutería de su confianza un jamón bien curado. No debe estar ni blando ni muy duro. El color en gamas del bermellón al granate, (importante que tenga una buena beta con un rico tocino rosado), el olor envolvente y muy deseable, a ser posible, consiga un jamón de cerdo criado con bellota, son los mejores.


Imprescindible el corte: Saber cortar el jamón es un arte, un mal corte puede estropear el jamón y privarnos de sus mejores características.


Para este cometido es necesario un cuchillo adecuado, con un afilado en toda regla.

Las lonchas deben ser de unos 5 cm. de largo por 3 de ancho, con un grosor de entre 1 y 1/2mm a 2mm.


Cuando ya tengamos el jamón emplatado, procederemos a cortar las rebanadas de pan, mejor candeal o alguna de las variables de pan con miga dura que ahora se elaboran en muchas tahonas. Las rebanadas no deben ser exceder a un centímetro de grosor.


En cuanto al vino: siempre tinto. Cualquiera de las denominaciones de origen existentes en nuestro país son referencia para combinar con el jamón: Riojas, Riberas, Catalanes, etc. Eso sí, preferiblemente, un vino joven o crianza. Un vino de reserva puede resultar demasiado embocado y ocultar parte del delicioso sabor de este manjar.


Abra la botella y deje que el vino respire. Llene una copa, no más de una cuarta parte de su capacidad, mejor si la copa de es bola. Mueva ligeramente el líquido, fíje su atención en su cuerpo y en su color. Este puede ir del rojo más intenso al granate con tintes azulados, lo verá mejor observando el tono de la lágrima que deja en la copa con el movimiento. Después acerque la copa a la nariz, respire profundamente y aspire todos los aromas recibidos, como su sabor, de la composición de tierra en que se cría el viñedo, estos pueden ir desde cualquier fruta al cuero, pasando por la canela, el pino, una amplia gama de posibilidades.


Beba un pequeño trago, déjelo en la boca, con la lengua presione el líquido hasta el paladar, con este acto sus papilas gustativas percibirán todo el sabor de este preciado líquido, regalo sin igual de la naturaleza.


Ahora tome una loncha de jamón, introdúzcalo en la boca y comience a degustar su sabor, y no olvide una rebanada de pan que será el acompañamiento ideal en esta degustación única.


¡Qué aproveche!


Asun Hernández



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